No todos los días tiene uno la fortuna de hablar con un o una poeta. No todos los días. Pero hoy, vapuleado como vengo desde jornadas atrás por una extraña inquietud que no sé ubicar, la mañana se ha despedazado en colores. Pero he preferido quedarme con su estallido de grises en toda la amplitud de la gama, que no es poca y si piensan que lo es háganse el favor de revisitar fotografías en blanco y negro que no estén recompuestas para el gusto popular por la IA.
La cuestión es que esta mañana he hablado con Mohammed Chukri. Vengo de una noche de poesía en vena y amanezco inquieto, ya lo he dicho, pero al poco la inquietud no sé si se agranda o desaparece. Pero qué más da, cuando de Poesía se habla. Aún percute mis neuronas la Poesía nocturna y comienzo la nueva jornada teniendo la fortuna de hablar con Chukri. Casi nada.
Le he preguntado que cómo se encuentra, claro, porque sorprende siempre hablar con un muerto. Él me ha contestado que muy bien y a mí no me terminaba de convencer el tono de su voz, tan rugoso y arrastrado, como ebrio de vino barato, y le he insistido. Él ha hecho lo propio y ha me respondido que se encuentra de puta madre. Él, que de putas y madres acumula pinceladas y que sabe que más putos ciertos padres.
- Pero me encuentro de puta madre, ¿lo dudas?
- No, al contrario... bueno, depende, tu tumba en el cementerio del Marshan no aparentaba tampoco muy cómoda.
- Estilo musulmán, qué más quieres, y de eso ya hace tiempo, chaval.
- Gracias por no tener en cuenta mi edad.
- De edad ya hablaremos, si quieres, cuando se te caigan todos los dientes. ¿Tienes 30 dirhams para una birra?
- De eso ando mal, pero seguro que lo puedo solucionar.
- ¿Me recomiendas prostituirme para vivir de la poesía?
- Yo no recomiendo nada. Recomendar es de pervertidos, te lo puedo asegurar. Así comenzaban todos, recomendándome cambiar de vida para salir a flote.
- ¿Entonces?
- Te recomiendo la cárcel. A ser posible, una cárcel marroquí. No te va a servir para vivir de la poesía, pero tendrás material para escribir.
- Yo también vivo en una cárcel.
- ¡Basura!
Le he escuchado escupir un sargazo tierra adentro como si en la mar y, poco después, lo he pensado y he comprendido que Chukri es un tipo sabio. Para qué dar un sablazo a un triste como yo que sólo cuenta con un puñado de euros para gastar en vinos caros con quien lo merezca. Así se lo he explicado y él me ha dicho que ahí está el camino de la verdadera Poesía. O sea, qu no me quedaba otras que reconducir la conversación, pero he pensado, de nuevo, en vinos caros. En el fondo soy un insufrible snob.
- Veo que te vas por las ramas. Bueno, no lo veo, lo leo, chaval.
- Gracias, de nuevo, por no tener en cuenta mi edad.
- No hay edad en el cementerio, y tú estarás tan muerto como yo, claro, obvio, pero demasiado pronto si no reconduces tus pasos. ¡Da igual! Estás muerto igual, estáis todos muertos. Lo importante es que no te andes por las ramas y seas conciso, directo, grosero, agresivo incluso, cuando escribas.
- En realidad no sé escribir. Es una suerte de fantasía infantil.
- Tiempo al tiempo, que eso, al final, no lo decides tú cuando sólo tienes el mandato de escribir. Lo demás ya llegará, o no, pero ¿cuánto me dijiste que me prestabas?, ¿a cuánto ese crédito personal?, ¿tiene seguro para cubrir mi posible deceso?, ¿y qué hay de los intereses?
- Sólo me interesa proporcionarte un cartón de vino o lo que se tercie.
En ese instante recuerdo que Chukri está muerto y comprendo que hablo con otro marroquí que se pretende español por vivir en Ceuta y que, por tanto, sólo espera que le tilde de invasor extranjero para seguir los vientos del tiempo, escuchar la voz del amo cual perro y olvidar que entre perros se crio el verdadero Chukri y que este es un farsante que sólo ha utilizado su apellido para empadronarse.
- Un placer hablar contigo, Poeta.
- A mí me da igual haberlo hecho contigo, chaval.
Cuelgo el teléfono y un caracol cano cae sobre mi pecho Visto camiseta negra, para variar, y el bucle cano brilla más. Comprendo que he hablado con un fantasma y agradezco que haya sido más benévolo, casi modo Canterville, que los que estas noches agitan mi inquietud. Apuro un porro con el último trago de 1906, me siento afortunado y me entrego, de nuevo, al verbo sabiendo desde anoche que no lo comprendo porque habita en una tráquea alimentada por años de espuma y cuchilla.
No todos los días tiene uno la fortuna de hablar con un o una poeta. No todos los días.
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