«El valle es de oro amargo
y el trago es largo... largo...»
César Vallejo
De repente comprendo que sólo sé escribir arterias con maneras de cordones desatados. Descubro que sólo sé escribir párvulo, y sorprendo en mi paladar golondrinas de verso truncado, entre mis dientes acequias babadas por estruendos con perfil de espuma en que danza herraduras un caballo.
Merodean mis uñas frontera de encía por ver si le arrancan las amígdalas al poema aunque siempre su sabor. Por ver si después contra el papel ruborizado de fotografía huérfana, o acordonando un teclado mientras Charlie Parker se desangra hacia adentro frente a un televisor feroz de noticiarios que me recuerdan que acabo de vivir otro año.
La edad me habla de lugares inciertos. Más bien de lugares que no deseo dar por ciertos. Sonrisa destilada de un lejano 1972 (para no olvidar). Pero ya he cambiado de espejos en que reflejarla. Lo celebro.
Y el primer trago, siempre.

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soy todo oídos...