sábado, 14 de abril de 2012

teach your children

Recién acabamos de despertar a una polémica generada en el país vecino. Resulta que los padres de alumnos de primaria se niegan a colaborar con sus hijos en las tareas extrescolares. O sea, que no tienen tiempo para explicar a sus retoños las dudas que les surgen al hacer las tareas que sus profesores les han encargado "para casa".
Como mucho somos de denigrar lo ajeno pero pretender aplicarlo (chapuzeramente en la mayoría de casos) a lo propio, se ha decidido reavivar idéntico debate en nuestra sociedad "educativa". Desgarra ver los rostros demudados de los padres (y madres, sorry!) ante la posibilidad de que en nuestro bendito país se obligue, igual que en el vecino, a que los niños realicen tareas escolares en casa, fuera del tiempo lectivo.
Esclarecedora la opinión de una madre, ante las cámaras "granhermanescas" de una televisión: "Mis jornadas laborales son muy largas. No tengo tiempo para prestar atención a los deberes del niño". Les considero, amigos lectores, lo suficientemente despiertos para analizar cada una de las palabras de esta abnegada madre de familia, a la que supongo adalid de la igualdad femenina en el mundo empresarial, dado el vehículo del que acaba de salir y la calidad y buen gusto de la vestimenta que porta (disculpen, sí, estamos cargados de prejuicios).

Recién me incorporé a la geografía nacional, tras un periplo thailandés, fui asaltado por amigos (y no tanto), con la tremebunda curiosidad por aclarar una duda: "¿es cierto, que venden a los niños, o los prostituyen por dinero?, ¿sus propios padres?". Imaginen mi consternada expresión.
No fui testigo, en Thailandia, de tráfico alguno de menores o prostitución infantil alentada por progenitores. Sí pude observar la ferocidad de las jaurías occidentales a la caza de "carne fresca". Rubios trasegadores de rubia cerveza verbalizando su fervor con ariscas frases incomprensibles para los locales. Lo único que entendían es que por cada vociferante consumidor extranjero una boca más de su cuantiosa familia sería alimentada. Prostitución, sí, claro, sí la hay.
La siguiente cuestión que me planteaban, a bocajarro y sin previa reflexión, algunos conocidos, era el famoso "...porque se los comen", seguido de un sapientísimo "allí no hay perros, claro...".
 
Cuando tu existencia depende del dinero, y así es desde que algunos así lo decidiesen, no hay ser vivo que se arrastra, ni vínculo familiar que suplica, que pueda escapar a la necesidad del hambre.
Si no hay trabajo y la única fuente de ingreso que nos permite alimentarnos es nuestra propia prole, allá vamos. ¡Qué importan, al fin, nuestros retoños si podemos seguir agotando los días de nuestra existencia a cambio de su trabajo o su persona toda!
Si tenemos que agotar maratonianas jornadas laborales para poder disfrutar de comodidades y tecnologías, allá vamos. ¡Qué importa, al fin, la educación de nuestra estirpe si puede ésta autoabastecerse de la misma mediante smartphones y cuenta propia en facebook!

Lo de los perros ya es otro cantar. ¡Animalitos!

Paseando una noche las calles anárquicas de mi barrio dí de bruces con el hosco ladrido de uno de esos perros de gran envergadura que últimamente gustan de pasear a sus dueños por las calles de la ciudad. Efectivamente, al final de la correa se hallaba un gentil ama de casa que logró calmar al animal, excitado por mi repentina presencia, y explicarme después que debe sacarle a pasear cada seis horas. Al poco, apenas inaugurada la inocua conversación, marchó disculpándose porque debía regresar a casa, por ver si sus hijos habían ya cenado.
Imagino que a esta mujer no le quedaría tiempo libre para ayudar a sus hijos con las tareas del colegio. Doy gracias a que tuviese tiempo de pasear al animal. De quedarse éste en casa, sabe Dios si no devoraría a los pequeños.

Teach your children!....clamaban hace tiempo Crosby, Stills, Nash & Young. Creo que no se les prestó mucha atención.

1 comentario:

  1. Si es que somos producto de nuestra sociedad...
    Marta

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soy todo oídos...